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De un Barbero, Don Quijote y el siglo de Oro Español.

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Don Quijote portaba en su corazón la hidalguía y en su cabeza la barbería. Ese sombrero inconfundible que forma parte de la estampa de Don Quijote de la Mancha es en verdad un instrumento de barbero, una bacía. Continúa leyendo para contarte cómo y por qué tan curioso objeto acabó en la cabeza del ingenioso hidalgo.

El Barbero en el Quijote.

“Un barbero, por aquellas fechas, era una especie de curandero o médico rural, que sacaba muelas, hacía emplastos y conocía el poder curativo de las hierbas. Los barberos tenían que estudiar mucho para distinguir las medicinas de los venenos. 

Eran personas muy preparadas y muy respetadas en los pueblos. El nuestro, que se llama maese Nicolás, era un cincuentón como don Quijote y el cura y juntos hacían un trío de amiguetes lectores y solterones.

 Pudo haber sido soldado en la batalla de Lepanto y compañero de armas de un tal Miguel de Cervantes, que también era hijo de un médico como él.

Maese Nicolás, a sus años, pensaba casarse con la Sobrina para emparentar con el hidalgo y ascender de categoría. Lo de cobrarse las deudas era una opinión del Ama, pero nunca había pasado por su mente. 

A él le importaba más la clase social que el dinero porque ya tenía bastante.”

Mientras cabalga don Quijote

El barbero Maese Nicolás es uno de los personajes principales de la reconocida novela. Junto a Don Quijote, que representa la nobleza; y el cura, conforma una tríada que de alguna manera habla de las diferentes capas de la sociedad española en ese momento. El papel del barbero viene a ser un enlace entre los estratos más altos de la sociedad de ese tiempo y las clases bajas. 

Durante el Siglo de Oro existía un abismo entre “los médicos y los físicos”. Los médicos estudiaban latín mientras que los físicos se comunicaban en romance. 

Los llamados físicos eran los cirujanos, sangradores y barberos.

MIentras que los médicos se formaban en ambientes universitarios clericales, conservadores y ortodoxos; los cirujanos-barberos como el padre de Miguel de Cervantes y Saavedra, se relacionaban menos con la alta nobleza y mucho más con la baja nobleza y los clase bajas.

Estos representaban la creencia en el progreso y la posibilidad de mejora. Como consecuencia de las divisiones sociales, los barberos tenían una mejor noción de los cambios sociales y económicos de la época.

Es por esto que los estudiosos parecen coincidir en que la selección del cura y del barbero como personajes relevantes dentro de la novela no es aleatoria. 

El cura resuelve los conflictos con autoridad por estar imbuido en poder divino y de clase social; pero el barbero logra sus objetivos usando la mediación y la astucia que viene de conocer cómo funciona la gente de “abajo”.

Tampoco es aleatorio que Don Quijote de la Mancha lleve en su cabeza la bacía que le compró al barbero. ¿Cuál era el interés del Quijote en un instrumento tan mundano? Pues para él, este era un objeto mítico.

¿Una bacía o el Yelmo de Mambrino?

Don Quijote de la Mancha

El Yelmo de Mambrino es un objeto mítico de oro puro que se decía hacía invulnerable a su portador.

Presuntamente, el objeto debe su nombre al legendario rey moro Mambrino y por él se pelearon todos los paladines Carlomagno, resultando ganador Renaud de Montauban.

Don Quijote, en su deliciosa locura, al ver a un barbero cubrirse la cabeza de la lluvia con su bacía, “reconoce” el Yelmo de Mambrino y procede a comprarselo. Es por esto que la bacía pasa a formar parte de la inolvidable estampa de Don Quijote de la Mancha.

Verdaderamente, una bacía era un instrumento que utilizaban los barberos para colocarlos bajo la barbilla cuando estaban afeitando (fue usado hasta hace poco de hecho).

Con el siguiente extracto Miguel de Cervantes inmortalizó la bacía como parte de la armadura de nuestro querido ingenioso hidalgo:

“Paréceme, Sancho, que no hay refrán que no sea verdadero, porque todos son sentencias sacadas de la misma experiencia, madre de las ciencias todas, especialmente aquel que dice: «Donde una puerta se cierra, otra se abre». (…) Digo esto porque, si no me engaño, hacia nosotros viene uno que trae en su cabeza puesto el yelmo de Mambrino, sobre que yo hice el juramento que sabes. (…)”

¿Conocías esta historia? Yo había escuchado de ella hacía mucho tiempo pero solo hace poco tiempo la recordé y supe que debía escribir sobre ella.

Me pareció maravilloso que hubiese un personaje en Don Quijote que viviese, como yo, AL SON DE LAS TIJERAS.

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