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Proyecto Comunitario Arte Corte y cómo la peluquería pudo transformar un barrio en La Habana.

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Existen muchas profesiones que transforman las vidas de las personas. Un médico, un científico, un artista pueden hacer que los seres humanos cambien aspectos de su vida como parte de su día a día. Seguramente si te digo que la peluquería logró algo tan meritorio como eso en un barrio de La Habana soltarás una carcajada. Pero no te miento. El proyecto Comunitario Arte Corte ha cambiado la vida a cientos de personas desde que surgió y, por suerte, yo tuve la oportunidad de ser parte de este espacio que le da valor a mi profesión. Permíteme hablarte un poco de esta historia que me hace decir con orgullo: yo soy peluquero.

¿Qué es el Proyecto ArteCorte?

Toda buena historia ha comenzado siempre con Había una vez, así que…

Había una vez un hombre cubano que quería dignificar su profesión. Era barbero. Su nombre es Gilberto Valladares, pero todos le llaman simplemente “Papito”.

A Papito se le ocurrió que los barberos y peluqueros necesitaban un espacio para reunirse y darle a su profesión el valor que tenía. Sin embargo, esto se hubiera quedado en una idea si Papito no hubiera puesto sangre, sudor y vida en construir este Proyecto Cultural llamado Arte Corte. 

Como siempre sucede cuando alguien lucha por lo que cree, muchos artistas y personas que creyeron en el proyecto se sumaron. De esta forma la idea tuvo un alcance nacional. Ya que los integrantes comenzaron a viajar por toda Cuba mostrando la importancia y el poder de este maravilloso oficio.

Pero la parte más importante de esta historia comenzó cuando el proyecto dejó de itinerar por Cuba y se asentó en el barrio Santo Ángel en La Habana Vieja. Porque en ese momento, comenzó a transformar la vida de todos los que se acercaban. Este barrio fue el lugar dónde Papito decidió abrir su negocio en 1999. 

A diferencia de otros, Papito dedicó parte de sus ganancias a modificar el barrio. Abrió una Escuela de Barbería y Peluquería. Luego abrió una escuela de cantineros. 

En estas escuelas podían recibir formación profesional jóvenes que no trabajaban, ni estudiaban o habían tenido problemas con la ley. Pero allí muchos de ellos encontraron un propósito. Nunca subestimes el poder de transformación de un ser humano con un propósito.

Pero Arte Corte no se quedó ahí. Esto fue solo el inicio. Como te conté, a estos espacios se sumaron poco a poco pequeños artesanos, se abrieron restaurantes y hasta galerías de arte. Imagínate que aún hoy sigue desarrollándose y cambiando.

Hay mucho que contar de este proyecto Cultural Arte Corte, pero eso lo puedes buscar en Internet. Yo hice este post para contarles mi relación con este lugar . Así que aquí voy.

Qué significa Arte Corte para mí.

Yo conocí a Papito en los años noventa, a raíz de que voy al Hotel Habana Libre porque me enteré que necesitaban peluqueros. Él y otros chicos venían de aprender en una peluquería que había en Calzada y 12 que se llamaba Juanita Mateo, una española que estaba allí haciendo la peluquería mucho más actual, mucho más moderna para la época. Yo estaba comenzando en este camino.

Allí conocí a Papito, enseguida nos llevamos bien y quedamos en que algún día trabajaríamos juntos, ya que él tenía el proyecto de hacer una peluquería.

Pasó el tiempo y siempre que nos veíamos al pasar los años, hablamos de lo mismo. Él me decía: “Ya la tengo hecha, a ver si te pasas por aquí que en un futuro me gustaría también que tú estuvieras”.

Pero eran los años noventa y yo tuve la oportunidad de irme a Argentina. Así que partí. Cuando regresé en el 2000 ya Papito tenía el proyecto Arte Corte en sus inicios. Nos vimos, me contó de qué iba el proyecto, yo le conté cómo me había ido en Argentina y me invitó a trabajar juntos. Iba a sustituir a una chica que se iría a italia y me quedara trabajando con él. ¡Y así mismo fue!

Pero además de trabajar como peluquero, Papito necesitaba que se hiciera un trabajo investigativo sobre la Barbería y la Peluquería en Cuba. Era necesaria para solicitar la ayuda de La Oficina del Historiador de la Ciudad para el proyecto.

Me dio total libertad para identificar los temas de los que se iba a hablar y de esa investigación descubrimos cosas interesantísimas como que el primer barbero de La Habana se llamó Juan Gómez.

Comenzamos a idear cómo homenajear a los barberos antiguos de Cuba y a darle un trasfondo histórico a la gran profesión que amamos, que todos necesitan, pero que muchas veces no se le daba el lugar que merece.  

Buscamos bibliografías y reseñas en las revistas Bohemia antiguas, crónicas sociales acerca de las barberías como sitios donde la gente iba a hacer vida social. 

¿Sabías? La barbería en sus inicios era solo para hombres, la mujer no iba a la peluquería. Existió la barbería primero que la peluquería femenina. Descubrimos mucho acerca de la profesión.

Esta investigación, unido a que Papito se dedicaba a comprar y restaurar objetos antiguos dedicados a la Peluquería, hizo posible materializar el Museo de la Peluquería y la Barbería en Cuba. 

¡Todo esto sin Internet!

Yo estuve 1 o 2 años con él, y luego continué mi camino. Pero el proyecto ArteCorte continuó. Yo siempre me enteraba por la prensa cómo iba creciendo. 

Personalmente, considero que todas las profesiones deberían tener un espacio donde se dignifique su historia y el papel que han jugado para la humanidad. Haber pasado por Arte Corte me convirtió en un apasionado amante de mi arte, y por tanto, en un mejor profesional.

Si tienes un amigo o amiga que se dedique a esta profesión, compártele esto. Quizás encuentre en la historia de este proyecto, la inspiración que necesita para iniciar un camino propio en este hermoso mundo de la Peluquería.

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